Poco más de un mes pasó desde que Maximiliano Frontera lanzara su sello “Movimiento de Unidad Provincial” con el respaldo de Claudio Poggi, en un acto que tuvo al gobernador en primera fila junto a varios dirigentes provinciales. Y si bien sabemos que la relación entre ambos es fruto de la conveniencia y no de la convicción, los hechos de la última semana no dejan de sorprender: Mientras Poggi negocia en secreto y profundiza el alineamiento de su espacio con La Libertad Avanza, Frontera se pelea en público con un dirigente libertario de 22 años y aprovecha para darle un tiro por elevación al gobierno nacional. ¿Un acto de imprudencia o un intento de desmarcarse de la proyección del gobernador?
El conflicto tuvo como centro de disputa la regulación de las aplicaciones de transporte: El joven libertario Tino Cometto encabezó una protesta a favor de Uber y el intendente de Villa Mercedes salió al cruce, aprovechando la ocasión para cuestionar al gobierno nacional por el cierre de pymes, la caída de la actividad económica y el empleo. Claro, Frontera necesita mantener su base electoral peronista y sabe del descontento de su gente con el gobierno nacional. Sin embargo, el problema de este planteo es su desfase temporal y estratégico respecto al esquema de poder del gobernador Claudio Poggi.
El accionar de Frontera puede generar ruido en una alianza táctica provincial cuyo objetivo central es abroquelarse para evitar un posible regreso del peronismo tradicional de la mano de Alberto Rodriguez Saá, espacio del que el intendente de Villa Mercedes fue desvinculado tras acusaciones de traición, y que tiene a Poggi como principal contrincante en la provincia. Esta alianza mantiene bajo siete llaves las acusaciones de corrupción cruzadas entre los operadores judiciales de ambos dirigentes, como El Caburé o el Festival de Cheques, entre otros beneficios recíprocos en materia de recursos y territorialidad que hacen a la conveniencia de las partes.
Pero mientras el “Ogro” gasta pólvora en un dirigente libertario de escala local, la arquitectura para 2027 se está terminando de dibujar con trazos completamente opuestos. Es un secreto a voces que el gobernador Claudio Poggi avanza en conversaciones con Karina Milei para consolidar una alianza entre el oficialismo provincial y La Libertad Avanza. En este contexto, la arremetida de Frontera contra los libertarios resulta, como mínimo, inoportuna. El intendente se encuentra librando una batalla contra un espacio al que su actual jefe político está intentando subordinarse por todos los medios.
La situación expone una vulnerabilidad más profunda que forma parte de la identidad política de Frontera: la contradicción entre su necesidad de diferenciarse con un discurso de tono peronista para mantener su base electoral, y su dependencia absoluta del aval político y los recursos de Poggi. Esta postura, en lugar de fortalecerlo, lo coloca en una posición de fragilidad, especialmente cuando observamos que dentro del oficialismo provincial ya existen voces que, bajo el amparo de dirigentes como Luis Giraudo, ven en la figura de Frontera un liderazgo a disputar.
En definitiva, Frontera parece haber olvidado una de las lecciones más elementales del peronismo: distinguir al amigo del enemigo.
Pero quizá no esté leyendo mal el tablero. Tal vez sepa exactamente hacia dónde avanza Poggi y haya decidido empezar a desmarcarse. El problema es que para romper no alcanza con decir. Hace falta estructura, poder propio y capacidad para hacerse cargo de las consecuencias. Frontera todavía no parece tener nada de eso, ni tener claro hacia dónde disparar. Por ahora, su rebeldía lo deja en el peor lugar posible: incómodo dentro del oficialismo, pero sin la fuerza necesaria para construir por fuera.



